Desempleados con vida propia
España tiene ya 4.137.500 desempleados. Una cifra redonda, bonita y casi sexy. Me gustan los números impares y menos los dos ceros del final y el cuatro del principio la cifra es mágica. Yo formo parte de este gran oasis de parados que pasan de los cuarenta y a los que cuando vamos a una entrevista de trabajo, el poco prudente responsable de recursos humanos te dice: y con este curriculum ¿qué haces aquí? Pues ya ves como estoy en el paro y no tengo otra cosa que hacer, pues, estoy pasando la mañana.
He tenido que digerir esta situación con tintes de Almódovar en varias ocasiones y al final he vuelto a casa con la sensación de que la culpa encima la tenía yo. Quizás es lo que persigan. Luego en mis momentos de reflexiones y asumiendo mi responsabilidad caigo en la cuenta de que lo único que he hecho en mi vida es trabajar. Esto parece que no importa. Los nuevos chavales o los más maduritos a los que ponen en cargos directivos, por decir algo, te dicen con una sonrisa blanca y pulcra que no necesitan una persona con un perfil como el mío para el puesto de trabajo. Lo que no te dicen que detrás de tí hay otro chaval o madurito que trabajará 12 horas al día al módico precio de lo que quiera su jefe, e incluso, que las vacaciones corren a su cuenta. Si apuramos más apelarán a la solidaridad para que trabaje gratis y así evitar el despido de algunos compañeros. Los fondos recaudados irán a la cuenta del asesoo o consejero correspondiente.
En fin, que a principios del siglo XXI , viendo las tonterías que echan en la tele, las tonterías que hay que escuchar a los responsables de la patronal española, las tonterías que hay que escuchar a los políticos que gobiernan y a los de la oposición, pues pienso que soy bastante inteligente. En el paro, sí, pero inteligente y con principios. Especialista en múltiples disciplinas y convencida de que este sistema hace aguas por muchos frentes.
Soy una desempleada más pero tengo nombre y apellidos, una familia sin hijos, amigos, algunos enemigos, una vida que me gusta vivir, una profesión que me gusta aunque ahora no la ejerza y sobre todo, tengo sueños e ilusiones que este sistema, en el que no creo ni confío, no conseguirá arrebatarme nunca.


¡Ánimo JJ! Estoy convencida de que llegarán mejores momentos laborales. Llevo así más de un año. Me dieron carpetazo con una amplia sonrisa, palabras de admiración hacia mi trabajo y bueno, que ahora estoy esperando esa llamada que me prometieron. A cambio, mi puesto lo cubre una joven, eficaz y productiva, pero a la que pagan justo, justo la mitad. ¡Cosas de la crisis!
Y lo de ¿qué haces aquí? Cierto como la vida misma. Cito textualmente: Y con este curriculum ¿qué haces aquí? Y no me lo dijo un jovencito inexperto, me lo preguntó un responsable del departamento de Recursos Humanos de una superconocida entidad empresarial adscrita a un ministerio del gobierno español, que no citaré por respeto, y este señor creo recordar que ya tenía canas. Después de pasar una prueba eliminatoria y la entrevista con él, sigo esperando su llamada. En otra oferta de trabajo de una ONG me rechazaron por no estar “afiliada” ni pronunciarme a favor de la iglesia católica. ¡Esto ya no es cosa de la crisis, son cosas de la vida!
Saludos y gracias por dejar tu comentario.
Taina
¡Increible! quitando lo de “¿qué haces aquí?” (no me lo dicen, pero el resultado es el mismo…) podría ser la historia de mis últimos 10 años.
Sigo con las esperanza de que lleguen mejores momentos, pero cada vez cuesta más mantenerla.